martes, 10 de mayo de 2011

Hawaiano.

Por fin, tras no sé cuantos fines de semana sin hacer algo relativamente interesante, cambiamos de aires.
El pasado viernes, decidimos ir a un hawaiano que al parecer estaba bastante bien por lo que nos habían contado, pero no fue tan fácil como parece.

Nos dirigimos a sol, para ir a una tienda en la que unas amigas querían comprarse un piercing. Y lo cierto es que fuimos sin saber que nos tiraríamos una hora entera en aquel lugar.
Al entrar en esa tienda, me sorprendí muchísimo y al mismo tiempo me horroricé ante todas las caras llenas de agujeros de todos los tamaños, piercings en cualquier rincón libre, dilataciones gigantescas en las orejas, y algunos ''destrozos'' parecidos.
Al mismo tiempo no sabía cómo actuar, ya que yo precisamente muy discreta no soy, y eso de mirar disimuladamente se me da un poco mal por más que lo intente.

Tras una hora ahí metidos y a puntito de salir, nos topamos con una chica que nos ofrecía hacernos una trenza en el pelo en menos que canta un gallo. Y como pavas que somos, quisimos una. Por lo tanto¡otro ratito más nos esperaba! Pero lo peor estaba por llegar.

Por fin nos dirigíamos al hawaiano, pero nos dábamos cuenta de que estábamos tardando demasiado en llegar cuando supuestamente estaba cerca.
Normal. Media hora después nos dimos cuenta de que íbamos en dirección contraria. Y meeeeeedia vuelta otra vez, recorriendo todas las calles habidas y por haber, preguntando a las personas menos indicadas, y haciéndonos un lío tremendo.

Pero al fin, a las ocho y cuarto de la tarde, llegamos a nuestro querido hawaiano...
La verdad es que me entró pánico al ver un cartelito que prohibía la entrada a menores de dieciséis, ya que a mi me esperan siete mesecitos para cumplirlos...
Pero por suerte no pidieron DNI y entramos todos sin problema.
Y lo cierto es que estuvo bastante bien, nos dieron comida gratis, y los típicos collares y sombrillas.
Eso sí, unos cócteles caros no, carísimos. Es lo que tiene intentar innovar e ir a sitios nuevos sin saber ni siquiera dónde están y cómo son...
Pero bueno, a pesar de todo fue una tarde interesante y no una como otra cualquiera, que es lo que cuenta.

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