Están presentes en nuestra vida constantemente. Día tras día sufrimos cambios en nosotros mismos, en nuestra forma de pensar o de actuar, de vestir, de relacionarse con los demás.
Puede que los cambios de humor sean los más frecuentes, ya que son los que afectan en mayor medida a las personas en general. Aunque se dice que en especial a los adolescentes.
Un día quieres blanco, pero al otro quieres negro.
Las primeras horas del día estás desbordante de alegría pero unas pocas después la mala leche se apodera de ti.
Un día tienes cierta idea sobre alguien pero al siguiente ha cambiado por completo.
Pero hay otros más importantes, que son aquellos que tardan su tiempo en llevarse a cabo y en ser asimilados.
A los que les hace falta quizá años para salir a flote ya que antes no eran capaces o bien no se atrevían a ser mostrados.
Esos son los cambios que realmente tienen consecuencias positivas o negativas, los que van a marcar cómo eres, qué piensas acerca de diferentes aspectos o cómo actúas frente al resto.
Normalmente intentamos cambiar a mejor, y nos esforzamos para conseguirlo.
Pero si indagamos un poquito más, nos podremos dar cuenta de que forzando algo no se obtienen resultados tan rápidamente. Puede ayudar, pero no lo va a producir por completo.
Los cambios vienen solos, sin darnos cuenta. Y vienen a base de errores, de problemas, de situaciones desagradables o de momentos no muy felices. Aunque parezca mentira es así.
De los errores se aprende, de no haber sabido afrontar una situación también se aprende, y de problemas y discusiones también se aprende para saber controlarse.
Y esos son la base de los cambios. El aprendizaje. Aprendemos y aprendemos hasta cambiar y recapacitar.
A veces hay alguien que nos lo dice, nos aconseja. Pero otras simplemente te infravaloran y te hacen ver tu error sin decirlo directamente.
Pero sin ninguna duda la mejor manera de verlo es por nosotros mismos. Darnos cuenta de lo que hacemos mal y reconocerlo.
Y entonces puedo decir que todos nosotros hemos cambiado. Y sino recordar cómo éramos hace tres años.
En primero de la ESO. O en segundo.
Probablemente nuestros pensamientos y sentimientos han cambiado por completo. Hemos cambiado nuestra manera de ver la vida, de asimilarlo todo, de ver como se te escapan de las manos momentos que puede que no vayas a volver a vivir. Hemos cambiado como personas, es más, nos estamos formando como personas. Estamos analizando cada detalle de nuestra rutina, fichándolo y descartándolo si no nos hace falta o no nos gusta. Y así poco a poco hasta descubrir que gracias a dichos cambios somos quienes somos.
Y puede que sigamos cambiando sin parar, sin darnos cuenta, sin percatarnos ni siquiera de que estamos creciendo no sólo mentalmente sino físicamente.
Fijaros simplemente en nuestro aspecto hace unos años. Posiblemente lo detestemos ahora mismo, pero qué casualidad que en ese momento no nos desagradaba precisamente. Y día tras día fuimos cambiando un poquito más hasta ahora.
Por eso digo, que cambiar es bueno. Por más que digamos que ''queremos ser los niños pequeños de hace unos años para no preocuparse por nada''.
Porque preocuparse por las cosas y tener responsabilidades es otro paso más. Es muy pesado y todos lo sabemos pero es lo que toca y en el fondo nos ayudará.
Y la verdad es que ser capaces de ver todas nuestras virtudes y defectos tanto ahora como en el pasado, es verdaderamente bueno. Porque entonces eso significa que nunca pararemos de cambiar.
lunes, 30 de mayo de 2011
martes, 24 de mayo de 2011
Un final a estos trece años.
Ya llega el ansiado verano.
Días en los que tocará despedirse del frío de este último invierno, y de las constantes lluvias que nos amargaban el día.
Esos días de calor y de ese sol que dibuja una sonrisa en nuestra cara cada vez que le vemos, y nos recuerda que ya podemos deshacernos de mochilas y libros.
Días de piscina. Horas y horas en remojo, como niños cuyo principal objetivo es la incesante diversión.
Levantarse a las tantas sin preocuparte de que vas a llegar tarde, o que tienes que hacer algo con urgencia.
¡El verano es para disfrutarlo, para vivirlo sin impedimentos!
Y no hablemos de ir a la playa, de vacaciones. A cualquier lugar alejado de Madrid. Cualquiera que nos haga desconectar por unos días y relajarnos aún más.
¿Qué mejor momento para conocer mundo, que el verano? ¡Ninguno!
Todo parece mucho más fácil, más agradable, más asequible, interesante y apetecible en verano.
Pero haceros una pregunta.
¿De verdad queréis que llegue este verano?
La mayoría responderíamos que sí sin dudarlo un solo segundo. Sería instantáneo.
Pero la verdad es que escarbando un poquito más en cada uno de nosotros, nos encontraríamos con la idea de no querer un nuevo ''verano 2011''
La razón es simple y clara.
A pesar de todo lo positivo que gira entorno al verano, también existe su gran parte negativa.
No sabemos que va a ser de nosotros al acabar el verano. Algunos ni siquiera sabemos a dónde vamos a ir y cómo nos vamos a apañar. Muchos estamos nerviosos y a la vez eufóricos por saberlo, pero esa gran interrogación es la única respuesta.
Pero eso no es lo peor...
Han pasado trece años. Trece años desde que la mayoría de nosotros entramos a este colegio sin saber lo que nos iba a esperar, y sin tener ni idea de todas las nuevas experiencias que podíamos vivir.
Tampoco sabíamos quién estaba dentro de esas clases que nos correspondían. Y mucho menos a los que nos quedaban por conocer.
No teníamos ni idea de la cantidad de momentos irrepetibles que nos avecinaban.
No teníamos ni idea de que íbamos a hacer tan buenas migas.
No teníamos ni idea de todos los enfados y reconciliaciones instantáneas que nos esperaban a lo largo de nuestra corta infancia.
No teníamos ni idea de la de momentos malos que pasaríamos. Todos los castigos, los exámenes, los deberes, las discusiones.
Pero tampoco sabíamos que todo lo bueno superaría con creces a nuestros lloros de niños pequeños.
No teníamos ni idea de que pasados los años, comenzaríamos a relaccionarnos con personas que no te esperas.
No teníamos ni idea de que íbamos a vivir miles de excursiones con las personas más importantes, que son los amigos.
Lo que tampoco se nos pasaba por la cabeza es que todo esto iba a ir a más. Que iba a llegar tan lejos.
No veíamos el momento de vivir esta situación.
Después de tantísimo tiempo, aquí estamos.
A pocos días de terminar cuarto de secundaria, cuando hace tan solo cuatro años teníamos un respeto increíble hacia ''los mayores''
Todos deseábamos que llegara ese momento, pero ahora recapacitamos, y nos damos cuenta de que no es tan bueno.
No es tan bueno despedirse de todo. De tus amigos. De tus no tan amigos y de todas las personas a las que realmente conociste hace relativamente poco tiempo.
Es triste recordar nuestro último viaje. Recordar como absolutamente todos estábamos juntos, por fin.
Y parece que fue ayer mismo cuando volábamos hacia Roma muertos de sueño.
Pero se acabó, y todos pudimos calificarlo como ''el principio del fin''
Suena deprimente, lo sé, pero es cierto. Unos cuantos exámenes más, y adiós.
Supongo que nadie ve el momento de la despedida, nadie se lo imagina, es impensable.
Pero por desgracia nos tocará, y supongo que el autoengañarnos, es simplemente porque ahora más que nunca, nos gustaría tener cinco años menos y pensar que seguimos siendo unos niños, con largos años por venir.
Días en los que tocará despedirse del frío de este último invierno, y de las constantes lluvias que nos amargaban el día.
Esos días de calor y de ese sol que dibuja una sonrisa en nuestra cara cada vez que le vemos, y nos recuerda que ya podemos deshacernos de mochilas y libros.
Días de piscina. Horas y horas en remojo, como niños cuyo principal objetivo es la incesante diversión.
Levantarse a las tantas sin preocuparte de que vas a llegar tarde, o que tienes que hacer algo con urgencia.
¡El verano es para disfrutarlo, para vivirlo sin impedimentos!
Y no hablemos de ir a la playa, de vacaciones. A cualquier lugar alejado de Madrid. Cualquiera que nos haga desconectar por unos días y relajarnos aún más.
¿Qué mejor momento para conocer mundo, que el verano? ¡Ninguno!
Todo parece mucho más fácil, más agradable, más asequible, interesante y apetecible en verano.
Pero haceros una pregunta.
¿De verdad queréis que llegue este verano?
La mayoría responderíamos que sí sin dudarlo un solo segundo. Sería instantáneo.
Pero la verdad es que escarbando un poquito más en cada uno de nosotros, nos encontraríamos con la idea de no querer un nuevo ''verano 2011''
La razón es simple y clara.
A pesar de todo lo positivo que gira entorno al verano, también existe su gran parte negativa.
No sabemos que va a ser de nosotros al acabar el verano. Algunos ni siquiera sabemos a dónde vamos a ir y cómo nos vamos a apañar. Muchos estamos nerviosos y a la vez eufóricos por saberlo, pero esa gran interrogación es la única respuesta.
Pero eso no es lo peor...
Han pasado trece años. Trece años desde que la mayoría de nosotros entramos a este colegio sin saber lo que nos iba a esperar, y sin tener ni idea de todas las nuevas experiencias que podíamos vivir.
Tampoco sabíamos quién estaba dentro de esas clases que nos correspondían. Y mucho menos a los que nos quedaban por conocer.
No teníamos ni idea de la cantidad de momentos irrepetibles que nos avecinaban.
No teníamos ni idea de que íbamos a hacer tan buenas migas.
No teníamos ni idea de todos los enfados y reconciliaciones instantáneas que nos esperaban a lo largo de nuestra corta infancia.
No teníamos ni idea de la de momentos malos que pasaríamos. Todos los castigos, los exámenes, los deberes, las discusiones.
Pero tampoco sabíamos que todo lo bueno superaría con creces a nuestros lloros de niños pequeños.
No teníamos ni idea de que pasados los años, comenzaríamos a relaccionarnos con personas que no te esperas.
No teníamos ni idea de que íbamos a vivir miles de excursiones con las personas más importantes, que son los amigos.
Lo que tampoco se nos pasaba por la cabeza es que todo esto iba a ir a más. Que iba a llegar tan lejos.
No veíamos el momento de vivir esta situación.
Después de tantísimo tiempo, aquí estamos.
A pocos días de terminar cuarto de secundaria, cuando hace tan solo cuatro años teníamos un respeto increíble hacia ''los mayores''
Todos deseábamos que llegara ese momento, pero ahora recapacitamos, y nos damos cuenta de que no es tan bueno.
No es tan bueno despedirse de todo. De tus amigos. De tus no tan amigos y de todas las personas a las que realmente conociste hace relativamente poco tiempo.
Es triste recordar nuestro último viaje. Recordar como absolutamente todos estábamos juntos, por fin.
Y parece que fue ayer mismo cuando volábamos hacia Roma muertos de sueño.
Pero se acabó, y todos pudimos calificarlo como ''el principio del fin''
Suena deprimente, lo sé, pero es cierto. Unos cuantos exámenes más, y adiós.
Supongo que nadie ve el momento de la despedida, nadie se lo imagina, es impensable.
Pero por desgracia nos tocará, y supongo que el autoengañarnos, es simplemente porque ahora más que nunca, nos gustaría tener cinco años menos y pensar que seguimos siendo unos niños, con largos años por venir.
viernes, 20 de mayo de 2011
Lo que se esconde detrás de los ''superiores''
Parece que está dispuesto a dar todo por todos, ayudarnos siempre que lo necesitemos.
Nos ofrece día tras día diversas opciones para superarnos, valorarnos y subir nuestra autoestima continuamente.
Nos dibuja una sonrisa en la cara en esos días no precisamente buenos. Y nos ofrece otras tantas como respuesta a las nuestras.
Nos sentimos realmente bien a su lado, nos damos cuenta que es como el comienzo de una especie de amistad.
Valoramos con gran admiración todos sus actos, movimientos, comentarios o experiencias. Somos sus perritos falderos. Pero no nos importa, es verdaderamente cómodo acoplarse como si nada y escuchar sus interminables historietas.
Pero nos movemos por el mismo motivo por el que el resto lo hacen. Nos movemos porque tú, y el otro, y el del más allá se mueven. Nos acercamos a esa persona tan sumamente adorable porque es ''lo que se lleva'' Porque esa persona es guay, y si no eres tú igual, eres un estúpido, un inculto, un sin cabeza, una persona sin dos dedos de frente. O por otro lado serías un raro, un marginado o un ''friki''.
Por eso somos unos perritos falderos. Te seguimos sea a donde sea, porque tú eres un ejemplo a seguir. Queremos ser como tú, te queremos plagiar, no queremos tener personalidad propia, la tuya es impecable asique qué mejor que seguir tus pasos.
Te quejarás. Es como si tuvieras una manada de fans corriendo como unos locos desesperados por tener un cachito de ti, como si tuvieras mil paparazzis persiguiéndote para luego vender sus exclusivas a la mínima de cambio.
Pero, ¿por qué? ¿Por qué eres así? ¿Por que te crees superior? Nos tienes besándote los pies, ¿y?
¿Te da derecho eso a manejarnos a tu antojo?
Sí, eres un modelo a seguir, pero eso no te da el más mínimo derecho a culpar y criticar a cualquier otro que no sea como tú.
Amas a tus ''fans'', pero, ¿y los que no lo son? ¿Y los que de verdad se han dado cuenta de que todo eso no es más que otra falsedad? ¿Y si no somos tan tontos de ver claramente tus ''preferencias''?
Sí, puede que sea una rara, una friki. O por el contrario probablemente en este caso sea una inculta y estúpida que no comparte tus opiniones. Opiniones aparentemente superiores al resto.
Y no es que no las comparto, sino que yo no quiero compartir nada con alguien que solo tiene ojos para otros.
Solo ves a los que quieres ver, los que te idolatran, los que piensan igual que tú. Esos son los mejores, son cabezas pensantes y verdaderamente saben lo que quieren. Son inteligentes y saben cuando actuar de una manera u otra.
Los demás sólo ''ocupamos espacio''. Nada más.
Qué pena que esos que se hacen llamar guays, no lo sean. Qué pena que sólo estén fingiendo, que no tengan ni una pizca de personalidad y que sean tan increíblemente falsos por mostrar su otro lado de la cara.
Lado de la cara que tarde o temprano se convierte en el único que les queda ya que no saben mostrar otro.
A lo mejor no soy tan guay como ellos, no soy tan cool. No soy tan culta e inteligente. Soy una de las personas que, como he dicho antes, ''ocupa espacio''.
Seré del montón, o de la panda de ''niñatos'' que según ellos no saben ni lo que hacen, ni de lo que hablan.
Seré tooooooodo lo que me digan. Y pueden decir misa, porque lo que tengo muy claro es que yo al menos tengo más personalidad que ellos, no me muevo por interés, no muestro mi otro lado de la cara ya que yo solo tengo el que toda mi vida se lleva viendo, no soy falsa, no finjo ser quien claramente no soy.
Y puede que no esté orgullosa de hacer algunas cosas, pero de lo que sí estoy realmente orgullosa es de no parecerme ni en el blanco de los ojos, a ellos.
Nos ofrece día tras día diversas opciones para superarnos, valorarnos y subir nuestra autoestima continuamente.
Nos dibuja una sonrisa en la cara en esos días no precisamente buenos. Y nos ofrece otras tantas como respuesta a las nuestras.
Nos sentimos realmente bien a su lado, nos damos cuenta que es como el comienzo de una especie de amistad.
Valoramos con gran admiración todos sus actos, movimientos, comentarios o experiencias. Somos sus perritos falderos. Pero no nos importa, es verdaderamente cómodo acoplarse como si nada y escuchar sus interminables historietas.
Pero nos movemos por el mismo motivo por el que el resto lo hacen. Nos movemos porque tú, y el otro, y el del más allá se mueven. Nos acercamos a esa persona tan sumamente adorable porque es ''lo que se lleva'' Porque esa persona es guay, y si no eres tú igual, eres un estúpido, un inculto, un sin cabeza, una persona sin dos dedos de frente. O por otro lado serías un raro, un marginado o un ''friki''.
Por eso somos unos perritos falderos. Te seguimos sea a donde sea, porque tú eres un ejemplo a seguir. Queremos ser como tú, te queremos plagiar, no queremos tener personalidad propia, la tuya es impecable asique qué mejor que seguir tus pasos.
Te quejarás. Es como si tuvieras una manada de fans corriendo como unos locos desesperados por tener un cachito de ti, como si tuvieras mil paparazzis persiguiéndote para luego vender sus exclusivas a la mínima de cambio.
Pero, ¿por qué? ¿Por qué eres así? ¿Por que te crees superior? Nos tienes besándote los pies, ¿y?
¿Te da derecho eso a manejarnos a tu antojo?
Sí, eres un modelo a seguir, pero eso no te da el más mínimo derecho a culpar y criticar a cualquier otro que no sea como tú.
Amas a tus ''fans'', pero, ¿y los que no lo son? ¿Y los que de verdad se han dado cuenta de que todo eso no es más que otra falsedad? ¿Y si no somos tan tontos de ver claramente tus ''preferencias''?
Sí, puede que sea una rara, una friki. O por el contrario probablemente en este caso sea una inculta y estúpida que no comparte tus opiniones. Opiniones aparentemente superiores al resto.
Y no es que no las comparto, sino que yo no quiero compartir nada con alguien que solo tiene ojos para otros.
Solo ves a los que quieres ver, los que te idolatran, los que piensan igual que tú. Esos son los mejores, son cabezas pensantes y verdaderamente saben lo que quieren. Son inteligentes y saben cuando actuar de una manera u otra.
Los demás sólo ''ocupamos espacio''. Nada más.
Qué pena que esos que se hacen llamar guays, no lo sean. Qué pena que sólo estén fingiendo, que no tengan ni una pizca de personalidad y que sean tan increíblemente falsos por mostrar su otro lado de la cara.
Lado de la cara que tarde o temprano se convierte en el único que les queda ya que no saben mostrar otro.
A lo mejor no soy tan guay como ellos, no soy tan cool. No soy tan culta e inteligente. Soy una de las personas que, como he dicho antes, ''ocupa espacio''.
Seré del montón, o de la panda de ''niñatos'' que según ellos no saben ni lo que hacen, ni de lo que hablan.
Seré tooooooodo lo que me digan. Y pueden decir misa, porque lo que tengo muy claro es que yo al menos tengo más personalidad que ellos, no me muevo por interés, no muestro mi otro lado de la cara ya que yo solo tengo el que toda mi vida se lleva viendo, no soy falsa, no finjo ser quien claramente no soy.
Y puede que no esté orgullosa de hacer algunas cosas, pero de lo que sí estoy realmente orgullosa es de no parecerme ni en el blanco de los ojos, a ellos.
martes, 17 de mayo de 2011
Poco a poco
La vida te juega una mala pasada. Te da un fuerte puñetazo en el estómago y por un momento te sangran hasta las emociones. Te preguntas por qué sigues en pié pero poco a poco vas cayendo al suelo sin tener algo por lo que intentar evitar esa caída. Simplemente te dejas caer, te desplomas sin pensar dos veces en las posibles soluciones. Tampoco quieres pensar en ellas. Sólo caes, sin tener a nada ni a nadie que te sostenga.
Te cuesta. Te cuesta incluso respirar, pero tras unos cuantos intentos te levantas.
Pero la vida no se ha saciado lo suficiente, y recibes una gran puñalada en tu orgullo, en tu dignidad.
Esta te rompe en pedazos, te retuerce la esperanza y no deja rastro de ella, trata de herirte hasta que vuelvas a caer. Y efectivamente así ocurre. No puedes resistirlo, no puedes hacer nada para evitarlo.
Todo tu pesimismo que yacía escondido no tuvo más remedio que revivir.
Y esta vez cuesta un poquito más, pero con la fuerza necesaria te levantas.
Los próximos y múltiples golpes son incluso previsibles, premeditados. Los ver venir a lo lejos, y por un momento crees que podrás con ellos mejor que nadie. Pero te das cuenta que a pesar de recobrar lo más valioso que es la esperanza, es mentira. Vuelves a caer una y cien mil veces. Tu pesimismo te ciega, te lamentas continuamente de tu mala suerte pero no haces nada.
Es más, la culpabilidad se apodera de ti. Crees que te lo mereces. Empiezas a sentir que lo has merecido, no tienes confianza ni autoestima.
Pero los golpes llegan sin parar. Como proyectiles que nadie puede parar, pero tú los minimizas.
Todos ellos que antes eran terribles y temibles, ahora los ves con otros ojos. Ves otras oportunidades y otras puertas que se abren. Y por muy lejos que están te mentalizas y corres hacia ellas.
Y una vez dentro todo cambia. Lo que antes parecía tu vida entera, ahora te das cuenta de que solo eran ataduras, pesos pesados que no te permitían moverte.
Y aprendes. Aprendes a esquivarlos, a alejarte de lo que no te conviene porque sabes que no te conviene lo que te hace un daño innecesario.
Pero después de das cuenta de que todos esos golpes por muy dañinos que fueran, han sido necesarios y de gran utilidad para poder presumir de ser quien eres realmente.
Te cuesta. Te cuesta incluso respirar, pero tras unos cuantos intentos te levantas.
Pero la vida no se ha saciado lo suficiente, y recibes una gran puñalada en tu orgullo, en tu dignidad.
Esta te rompe en pedazos, te retuerce la esperanza y no deja rastro de ella, trata de herirte hasta que vuelvas a caer. Y efectivamente así ocurre. No puedes resistirlo, no puedes hacer nada para evitarlo.
Todo tu pesimismo que yacía escondido no tuvo más remedio que revivir.
Y esta vez cuesta un poquito más, pero con la fuerza necesaria te levantas.
Los próximos y múltiples golpes son incluso previsibles, premeditados. Los ver venir a lo lejos, y por un momento crees que podrás con ellos mejor que nadie. Pero te das cuenta que a pesar de recobrar lo más valioso que es la esperanza, es mentira. Vuelves a caer una y cien mil veces. Tu pesimismo te ciega, te lamentas continuamente de tu mala suerte pero no haces nada.
Es más, la culpabilidad se apodera de ti. Crees que te lo mereces. Empiezas a sentir que lo has merecido, no tienes confianza ni autoestima.
Pero los golpes llegan sin parar. Como proyectiles que nadie puede parar, pero tú los minimizas.
Todos ellos que antes eran terribles y temibles, ahora los ves con otros ojos. Ves otras oportunidades y otras puertas que se abren. Y por muy lejos que están te mentalizas y corres hacia ellas.
Y una vez dentro todo cambia. Lo que antes parecía tu vida entera, ahora te das cuenta de que solo eran ataduras, pesos pesados que no te permitían moverte.
Y aprendes. Aprendes a esquivarlos, a alejarte de lo que no te conviene porque sabes que no te conviene lo que te hace un daño innecesario.
Pero después de das cuenta de que todos esos golpes por muy dañinos que fueran, han sido necesarios y de gran utilidad para poder presumir de ser quien eres realmente.
martes, 10 de mayo de 2011
Hawaiano.
Por fin, tras no sé cuantos fines de semana sin hacer algo relativamente interesante, cambiamos de aires.
El pasado viernes, decidimos ir a un hawaiano que al parecer estaba bastante bien por lo que nos habían contado, pero no fue tan fácil como parece.
Nos dirigimos a sol, para ir a una tienda en la que unas amigas querían comprarse un piercing. Y lo cierto es que fuimos sin saber que nos tiraríamos una hora entera en aquel lugar.
Al entrar en esa tienda, me sorprendí muchísimo y al mismo tiempo me horroricé ante todas las caras llenas de agujeros de todos los tamaños, piercings en cualquier rincón libre, dilataciones gigantescas en las orejas, y algunos ''destrozos'' parecidos.
Al mismo tiempo no sabía cómo actuar, ya que yo precisamente muy discreta no soy, y eso de mirar disimuladamente se me da un poco mal por más que lo intente.
Tras una hora ahí metidos y a puntito de salir, nos topamos con una chica que nos ofrecía hacernos una trenza en el pelo en menos que canta un gallo. Y como pavas que somos, quisimos una. Por lo tanto¡otro ratito más nos esperaba! Pero lo peor estaba por llegar.
Por fin nos dirigíamos al hawaiano, pero nos dábamos cuenta de que estábamos tardando demasiado en llegar cuando supuestamente estaba cerca.
Normal. Media hora después nos dimos cuenta de que íbamos en dirección contraria. Y meeeeeedia vuelta otra vez, recorriendo todas las calles habidas y por haber, preguntando a las personas menos indicadas, y haciéndonos un lío tremendo.
Pero al fin, a las ocho y cuarto de la tarde, llegamos a nuestro querido hawaiano...
La verdad es que me entró pánico al ver un cartelito que prohibía la entrada a menores de dieciséis, ya que a mi me esperan siete mesecitos para cumplirlos...
Pero por suerte no pidieron DNI y entramos todos sin problema.
Y lo cierto es que estuvo bastante bien, nos dieron comida gratis, y los típicos collares y sombrillas.
Eso sí, unos cócteles caros no, carísimos. Es lo que tiene intentar innovar e ir a sitios nuevos sin saber ni siquiera dónde están y cómo son...
Pero bueno, a pesar de todo fue una tarde interesante y no una como otra cualquiera, que es lo que cuenta.
El pasado viernes, decidimos ir a un hawaiano que al parecer estaba bastante bien por lo que nos habían contado, pero no fue tan fácil como parece.
Nos dirigimos a sol, para ir a una tienda en la que unas amigas querían comprarse un piercing. Y lo cierto es que fuimos sin saber que nos tiraríamos una hora entera en aquel lugar.
Al entrar en esa tienda, me sorprendí muchísimo y al mismo tiempo me horroricé ante todas las caras llenas de agujeros de todos los tamaños, piercings en cualquier rincón libre, dilataciones gigantescas en las orejas, y algunos ''destrozos'' parecidos.
Al mismo tiempo no sabía cómo actuar, ya que yo precisamente muy discreta no soy, y eso de mirar disimuladamente se me da un poco mal por más que lo intente.
Tras una hora ahí metidos y a puntito de salir, nos topamos con una chica que nos ofrecía hacernos una trenza en el pelo en menos que canta un gallo. Y como pavas que somos, quisimos una. Por lo tanto¡otro ratito más nos esperaba! Pero lo peor estaba por llegar.
Por fin nos dirigíamos al hawaiano, pero nos dábamos cuenta de que estábamos tardando demasiado en llegar cuando supuestamente estaba cerca.
Normal. Media hora después nos dimos cuenta de que íbamos en dirección contraria. Y meeeeeedia vuelta otra vez, recorriendo todas las calles habidas y por haber, preguntando a las personas menos indicadas, y haciéndonos un lío tremendo.
Pero al fin, a las ocho y cuarto de la tarde, llegamos a nuestro querido hawaiano...
La verdad es que me entró pánico al ver un cartelito que prohibía la entrada a menores de dieciséis, ya que a mi me esperan siete mesecitos para cumplirlos...
Pero por suerte no pidieron DNI y entramos todos sin problema.
Y lo cierto es que estuvo bastante bien, nos dieron comida gratis, y los típicos collares y sombrillas.
Eso sí, unos cócteles caros no, carísimos. Es lo que tiene intentar innovar e ir a sitios nuevos sin saber ni siquiera dónde están y cómo son...
Pero bueno, a pesar de todo fue una tarde interesante y no una como otra cualquiera, que es lo que cuenta.
martes, 26 de abril de 2011
Tiene gracia
Tiene gracia como empezó todo, hace ni se sabe el tiempo. Como poco a poco te ibas dando cuenta de cosas que antes no se te pasaban por la cabeza. Cuando comenzó toda tu historia, no eras consciente de las consecuencias del futuro. Y mírate ahora, con una sonrisa en la cara a pesar de mezclar todas las penas con tan pocas alegrías.
Puede que no fuera el momento más adecuado, de hecho tu historia tenía fecha de caducidad y lo sabías. Todos te advertimos lo que te iba a esperar en un futuro, y que no todo era tan fácil como tú creías.
Aun así lo asimilaste y pudiste con ello, pasaste lo peor. Seguiste adelante con tu sonrisa de todos los días, una de las que regalas sin pedir e incluso a veces sin recibir nada a cambio.
Y así pasaban todos tus días, pero todos sabíamos qué había en el fondo de esa gran sonrisa. Y no era felicidad precisamente.
Te avisamos, te dijimos una y mil veces que quizá no era la decisión más acertada. Queríamos darte el apoyo que te faltaba y tú lo sabes, pero a lo mejor no era de la manera más correcta posible.
Pero tu peor pesadilla apareció sin avisar.
Y digo tu peor pesadilla porque aunque no lo quieras ver, aunque tus ojos ciegos y mente cerrada te lo impidan, solo te hace mal.
Y tiene gracia como se esfumó. Sin ni siquiera dejar rastro. Tan deprisa que no la pudiste ver pasar, no tuviste tiempo a reaccionar. A decir una sola palabra.
Solo una lluvia de culpas te empapaba día tras día, te atormentaba y te echaba en cara todo el tiempo que supuestamente tuviste para aprovechar ese momento. Pero no lo hiciste.
Tu cabezonería seguía con la mirada fija en ese objetivo. Ese reto. Esa locura, esa bobada. Ese ''premio'' por el que corrías detrás en una interminable persecución durante tanto tiempo. Tiempo que malgastabas. Tiempo tirado por la borda, arrojado al vacío, tiempo inservible...
...pero que acabó por servir. Sin mover un dedo. Sin luchar a capa y espada. Sin molestarte. Sin demostrar su importancia.
Sólo sirvió ese tiempo. Esperar y esperar hasta conseguir algo que al fin y al cabo merecías. Más que nadie merecías. Aunque no mostraras empeño y esfuerzo, eras la primera persona que merecía lograrlo y ganarlo.
Por el simple hecho de aguantar todo tipo de proyectiles de mala leche lanzados hacia tu fuerte armadura, que eras tú. No necesitaste defensa alguna. Tu buena voluntad y tus pocas ganas de ganarte problemas sirvieron para afrontarlo todo con cabeza. Y por fin tenías lo que querías.
Y lo tuviste, lo tuviste por poco tiempo. Era de esperar que acabaría en menos que canta un gallo.
Era de esperar que tú merecías el premio, pero el premio no te merecía a ti. No merecía nada que tuviera que ver contigo, nada que se pareciera ni en el blanco de los ojos.
Por eso tiene gracia. Tiene gracia todo lo que perdonaste, lo que dejaste pasar, lo que intentaste olvidar, las pocas veces que lo conseguiste, las otras muchas que esperaste, y todas las demás que seguiste sonriendo.
Tiene gracia que no todo saliera como esperabas, que alguien como tú se llevase algo como eso. Alguien como tú, que no te mereces que te merezcan, porque nadie ha demostrado que te puede merecer.
Pero tú sí demostraste todo lo que puedes dar, y a veces no se necesitan actos ni palabras. Vale todo el tiempo utilizado en pensar en tu objetivo. Es motivo mas que suficiente para yo y cualquier otro saber que tú, debías conseguirlo.
Tiene gracia que te infravalores, que te odies, que detestes tu forma de ser y de actuar. No deberías. Ya quisieran muchos ser como tú. Sí, se llama envidia de la sana. Porque en tu lugar ya habrían dado por perdido lo que tu ves posible.
Pero tú eres tú, y el resto son el resto. Y siempre me gusta dar el mismo consejo, el que me gustaría que me dieran y a la vez me gustaría darme, es decir, poco más o menos a lo que voy:
Que nadie te impida hacer lo que quieres. Que nadie te diga lo que tienes que hacer. Nadie es quien para mandarte. En esto eres tú el capitán de tu barco. Tú mandas, tú ordenas, tú sabes que pasa por tu cabeza todos los días.
Y sólo digo, que tu premio lo has tenido dos veces...
Y comentan por ahí, que a la tercera va la vencida, pero tampoco te fíes...
Puede que no fuera el momento más adecuado, de hecho tu historia tenía fecha de caducidad y lo sabías. Todos te advertimos lo que te iba a esperar en un futuro, y que no todo era tan fácil como tú creías.
Aun así lo asimilaste y pudiste con ello, pasaste lo peor. Seguiste adelante con tu sonrisa de todos los días, una de las que regalas sin pedir e incluso a veces sin recibir nada a cambio.
Y así pasaban todos tus días, pero todos sabíamos qué había en el fondo de esa gran sonrisa. Y no era felicidad precisamente.
Te avisamos, te dijimos una y mil veces que quizá no era la decisión más acertada. Queríamos darte el apoyo que te faltaba y tú lo sabes, pero a lo mejor no era de la manera más correcta posible.
Pero tu peor pesadilla apareció sin avisar.
Y digo tu peor pesadilla porque aunque no lo quieras ver, aunque tus ojos ciegos y mente cerrada te lo impidan, solo te hace mal.
Y tiene gracia como se esfumó. Sin ni siquiera dejar rastro. Tan deprisa que no la pudiste ver pasar, no tuviste tiempo a reaccionar. A decir una sola palabra.
Solo una lluvia de culpas te empapaba día tras día, te atormentaba y te echaba en cara todo el tiempo que supuestamente tuviste para aprovechar ese momento. Pero no lo hiciste.
Tu cabezonería seguía con la mirada fija en ese objetivo. Ese reto. Esa locura, esa bobada. Ese ''premio'' por el que corrías detrás en una interminable persecución durante tanto tiempo. Tiempo que malgastabas. Tiempo tirado por la borda, arrojado al vacío, tiempo inservible...
...pero que acabó por servir. Sin mover un dedo. Sin luchar a capa y espada. Sin molestarte. Sin demostrar su importancia.
Sólo sirvió ese tiempo. Esperar y esperar hasta conseguir algo que al fin y al cabo merecías. Más que nadie merecías. Aunque no mostraras empeño y esfuerzo, eras la primera persona que merecía lograrlo y ganarlo.
Por el simple hecho de aguantar todo tipo de proyectiles de mala leche lanzados hacia tu fuerte armadura, que eras tú. No necesitaste defensa alguna. Tu buena voluntad y tus pocas ganas de ganarte problemas sirvieron para afrontarlo todo con cabeza. Y por fin tenías lo que querías.
Y lo tuviste, lo tuviste por poco tiempo. Era de esperar que acabaría en menos que canta un gallo.
Era de esperar que tú merecías el premio, pero el premio no te merecía a ti. No merecía nada que tuviera que ver contigo, nada que se pareciera ni en el blanco de los ojos.
Por eso tiene gracia. Tiene gracia todo lo que perdonaste, lo que dejaste pasar, lo que intentaste olvidar, las pocas veces que lo conseguiste, las otras muchas que esperaste, y todas las demás que seguiste sonriendo.
Tiene gracia que no todo saliera como esperabas, que alguien como tú se llevase algo como eso. Alguien como tú, que no te mereces que te merezcan, porque nadie ha demostrado que te puede merecer.
Pero tú sí demostraste todo lo que puedes dar, y a veces no se necesitan actos ni palabras. Vale todo el tiempo utilizado en pensar en tu objetivo. Es motivo mas que suficiente para yo y cualquier otro saber que tú, debías conseguirlo.
Tiene gracia que te infravalores, que te odies, que detestes tu forma de ser y de actuar. No deberías. Ya quisieran muchos ser como tú. Sí, se llama envidia de la sana. Porque en tu lugar ya habrían dado por perdido lo que tu ves posible.
Pero tú eres tú, y el resto son el resto. Y siempre me gusta dar el mismo consejo, el que me gustaría que me dieran y a la vez me gustaría darme, es decir, poco más o menos a lo que voy:
Que nadie te impida hacer lo que quieres. Que nadie te diga lo que tienes que hacer. Nadie es quien para mandarte. En esto eres tú el capitán de tu barco. Tú mandas, tú ordenas, tú sabes que pasa por tu cabeza todos los días.
Y sólo digo, que tu premio lo has tenido dos veces...
Y comentan por ahí, que a la tercera va la vencida, pero tampoco te fíes...
domingo, 27 de marzo de 2011
Una tarde cualquiera. (Relato kafkiano)
Era una tarde normal y corriente, como otra cualquiera.
''A las cinco en el metro, como siempre''
Eran las cuatro y todavía estaba en pijama, como recién levantada. Por ello corrí despavorida a la ducha, en un intento de no llegar a tarde.
Y a pesar del escaso tiempo, conseguí ser puntual.
Al llegar, todos me miraban con una expresión un tanto extraña. Una sonrisa malvada parecía cubrir sus caras. Pero aun así, intenté no darle demasiada importancia, y bajamos todos al metro, sin ni siquiera saber a dónde nos dirigíamos.
Lo extraño es que tampoco pregunté. No me parecía importante el lugar en ese momento, simplemente dejé que me llevaran a donde les apeteciera.
El viaje hacia el lugar desconocido, fue de lo más alarmante. Ni una palabra. Ni una.
Todos callaban, y miraban a su alrededor. Casualmente tampoco había nadie a quien mirar. Todos los vagones estaban vacíos. Y yo mientras me preguntaba el por qué de esta situación. Pero por no romper ese silencio que me asustaba, no dije absolutamente nada.
Intenté por todos los medios evadirme de todo eso que poco a poco me iba atemorizando cada vez más.
Sí, en efecto, me producía terror. Nunca había vivido algo parecido, y quien sabe, quizá una palabra mía causara efectos que no quería precisamente.
Por fin, vi que se levantaban. Suponía que habíamos llegado.
Pero al salir, me pregunté una y mil veces qué hacíamos en medio de un descampado sin final.
Hacía calor, muchísimo calor. Y yo no era capaz de ver ni una mísera planta, carretera, o señal de vida en alguna parte de ese desierto.
Pero empezaron a caminar, en dirección no se sabe dónde. Y yo, les seguí. Lo cierto es que no podía hacer otra cosa.
Parecían poseídos, con la mirada fija en un punto. Todos en el mismo punto. Caminaban al mismo tiempo. Derecha, izquierda, derecha, izquierda. Ni uno de ellos se desviaba un milímetro del sendero que al parecer estaban creando.
Realmente asustaban. Me horrorizaba todo aquello. Quería huir y salir corriendo.
Pero en un intento de volver a la parada de metro, me dí cuenta de que ya no existía.
No podía ser, tanto no habíamos caminado. Pero esa parada era inexistente, cosa que me hizo alterarme aún más.
Pero de repente, pude ver ''algo'' a lo lejos. Ese algo no era ni más ni menos que una especie de pozo.
Era un simple pozo, pero al verlo pude experimentar algo parecido a la alegría. Alegría de haber encontrado un pozo, sí, pero al menos había algo en aquel estresante lugar.
Al llegar, me di cuenta de que ese pozo era inmeso. Era como una marca de meteorito totalmente gigantesca, que albergaba a muchísimas personas dentro, todas sentandas en una posición determinada, como si fueran robots.
Aún más me sorprendió el oir la voz de alguien.
En efecto, una voz ronca nos decía que fueramos bajando, y nos colocaramos donde hubiera sitio.
Y yo, absolutamente pasmada, obedecí como si fuera lo más normal del mundo.
Una vez dentro, pude ver con mis propios ojos como este ''inmenso pozo'' al que yo me refería, comenzaba a cerrarse hasta que nos quedamos completamente a oscuras.
No oía nada. Absolutamente nada. De hecho, temía que escucharan mi ansiosa respiración.
No sabía que hacer, como reaccionar, que decir. Comencé a estresarme, probablemente a temblar.
Y en un intento de calmarme, exploté.
Tenía que hacerlo, tuve que preguntar qué era lo que sucedía. Por qué estabamos ahí, qué era eso y para qué.
Y después de dos eternos minutos, alguien se dignó a responderme.
Y mientras cerraba los ojos fuerte, mientras me mordía las manos y me pellizcaba en un intento de salir de esa pesadilla, pude escuchar que nos encontrabamos en guerra.
Iban a bombardear Madrid, la única manera de salvarse era ese malévolo pozo.
En ese preciso momento comencé a reirme, por no llorar supongo.
Hasta que de repente, en un visto y no visto, me encontraba en mi cama, mi querida cama de la que no quería ni salir.
Sí, pude despertar de un sueño de lo más kafkiano.
''A las cinco en el metro, como siempre''
Eran las cuatro y todavía estaba en pijama, como recién levantada. Por ello corrí despavorida a la ducha, en un intento de no llegar a tarde.
Y a pesar del escaso tiempo, conseguí ser puntual.
Al llegar, todos me miraban con una expresión un tanto extraña. Una sonrisa malvada parecía cubrir sus caras. Pero aun así, intenté no darle demasiada importancia, y bajamos todos al metro, sin ni siquiera saber a dónde nos dirigíamos.
Lo extraño es que tampoco pregunté. No me parecía importante el lugar en ese momento, simplemente dejé que me llevaran a donde les apeteciera.
El viaje hacia el lugar desconocido, fue de lo más alarmante. Ni una palabra. Ni una.
Todos callaban, y miraban a su alrededor. Casualmente tampoco había nadie a quien mirar. Todos los vagones estaban vacíos. Y yo mientras me preguntaba el por qué de esta situación. Pero por no romper ese silencio que me asustaba, no dije absolutamente nada.
Intenté por todos los medios evadirme de todo eso que poco a poco me iba atemorizando cada vez más.
Sí, en efecto, me producía terror. Nunca había vivido algo parecido, y quien sabe, quizá una palabra mía causara efectos que no quería precisamente.
Por fin, vi que se levantaban. Suponía que habíamos llegado.
Pero al salir, me pregunté una y mil veces qué hacíamos en medio de un descampado sin final.
Hacía calor, muchísimo calor. Y yo no era capaz de ver ni una mísera planta, carretera, o señal de vida en alguna parte de ese desierto.
Pero empezaron a caminar, en dirección no se sabe dónde. Y yo, les seguí. Lo cierto es que no podía hacer otra cosa.
Parecían poseídos, con la mirada fija en un punto. Todos en el mismo punto. Caminaban al mismo tiempo. Derecha, izquierda, derecha, izquierda. Ni uno de ellos se desviaba un milímetro del sendero que al parecer estaban creando.
Realmente asustaban. Me horrorizaba todo aquello. Quería huir y salir corriendo.
Pero en un intento de volver a la parada de metro, me dí cuenta de que ya no existía.
No podía ser, tanto no habíamos caminado. Pero esa parada era inexistente, cosa que me hizo alterarme aún más.
Pero de repente, pude ver ''algo'' a lo lejos. Ese algo no era ni más ni menos que una especie de pozo.
Era un simple pozo, pero al verlo pude experimentar algo parecido a la alegría. Alegría de haber encontrado un pozo, sí, pero al menos había algo en aquel estresante lugar.
Al llegar, me di cuenta de que ese pozo era inmeso. Era como una marca de meteorito totalmente gigantesca, que albergaba a muchísimas personas dentro, todas sentandas en una posición determinada, como si fueran robots.
Aún más me sorprendió el oir la voz de alguien.
En efecto, una voz ronca nos decía que fueramos bajando, y nos colocaramos donde hubiera sitio.
Y yo, absolutamente pasmada, obedecí como si fuera lo más normal del mundo.
Una vez dentro, pude ver con mis propios ojos como este ''inmenso pozo'' al que yo me refería, comenzaba a cerrarse hasta que nos quedamos completamente a oscuras.
No oía nada. Absolutamente nada. De hecho, temía que escucharan mi ansiosa respiración.
No sabía que hacer, como reaccionar, que decir. Comencé a estresarme, probablemente a temblar.
Y en un intento de calmarme, exploté.
Tenía que hacerlo, tuve que preguntar qué era lo que sucedía. Por qué estabamos ahí, qué era eso y para qué.
Y después de dos eternos minutos, alguien se dignó a responderme.
Y mientras cerraba los ojos fuerte, mientras me mordía las manos y me pellizcaba en un intento de salir de esa pesadilla, pude escuchar que nos encontrabamos en guerra.
Iban a bombardear Madrid, la única manera de salvarse era ese malévolo pozo.
En ese preciso momento comencé a reirme, por no llorar supongo.
Hasta que de repente, en un visto y no visto, me encontraba en mi cama, mi querida cama de la que no quería ni salir.
Sí, pude despertar de un sueño de lo más kafkiano.
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