Ilusiones.
Bonita palabra¿no?
Llega un día, tu tienes una ilusión, una inquietud. Pasan los días, y esas ilusiones se desvanecen, se van, huyen y desaparecen tan rápido que ni siquiera te das cuenta.
Cuántas veces habremos pasado por esta situación.
Minutos, horas, días, semanas, meses pueden durar esas ilusiones. Cada persona tiene la suya, tiene muchas de ellas, es ley de vida, queremos cosas, queremos saberlo y tenerlo todo.
El ser humano es así, somos obsesos por naturaleza, el querer querer y querer. Poseerlo todo.
Pero, hay que pararse a pensar, porque no se puede tener todo lo que se quiere.
Y entonces, cuando te das cuenta de que todo aquello que tu deseabas con tantísima fuerza, aquello que anhelabas ansiosamente, algo que esperabas con un nudo en la garganta, aquellas fantasías que siempre rondaban tu cabeza, lo inimaginable pero que casualmente tú, imaginabas, el lujo de pensar, de pensar y creerte lo imposible, lo imperfecto, por muy perfecto que para ti parezca.
Todo aquello, cuando te encuentras con la realidad, con esa dolorosa realidad que te pone una barrera imposible de traspasar, ahí es cuando te das un buen golpe. Cuando te estampas de bruces contra esa barrera. Cuando te das cuenta de que nada de lo que creías posible lo es.
Sólo algunas de tus ilusiones se han cumplido. Pero,¿y el resto?¿Qué fue de ellas?
Ahí se quedaron y se quedarán, en tu pensamiento, en tu imaginación. Continúan ahí sin moverse ni un milímetro. Aunque sabes que no, que no podrán, que no podrán soportar los continuos golpes, las continuas puñaladas que te sigue provocando lo increíble.
Somos así, no podemos evitarlo, cabezotas.
Pero hay que saber decir basta. Hay que saber diferenciar lo posible de lo imposible, la perfección de tu cabeza de la imperfección de todo lo que nos rodea.
Difícil cualidad ¿no?
Desde luego que sí, pero, ¿Qué es de nosotros si ni siquiera lo intentamos? Nada.
No podemos pretender vivir en un mundo perfecto, un mundo en el que todo es luz y color.
Algún día te encontrarás con esa oscuridad aterradora, esa que nadie desea nunca, la que tanto dolor y angustia produce, pero te la encontrarás. Te tocará pasar por ello, y no una ni dos, sino muchísimas veces. Pero eso, forma parte de avanzar en la vida.
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