Después de tanto tiempo sin poder escribir y desahogarme, por fin puedo dedicar un ratito a una entrada de año nuevo. Cuatro días tarde, pero la intención es lo que cuenta.
Tras una noche de desenfreno y mucha fiesta con los amigos en nochevieja, llegaba un nuevo año.
Un año de alegrías y desilusiones, un año de nuevos propósitos, nuevas emociones y experiencias que marcarán un antes y un después.
Cuando llega un nuevo año, la gente se propone cambiar. Todo lo malo dejarlo atrás y preocuparse por los pequeños detalles más insignificantes que hacen feliz.
Se proponen mejorar todo lo que afecta a su alrededor, intentar arreglar los problemas que no tuvieron solución en el pasado, y sobre todo tratar de alejar lo más posible todo aquello que no es plato de buen gusto.
Lo cierto es que odio la típica preguntita de ''¿Y tus propósitos para este nuevo año?''
Yo no voy a decir que quiero más suerte en mi vida, que quiero muchos amigos que me quieran, ni dinero, ni mucho menos amor. Tampoco voy a desear mi felicidad completa y absoluta. No quiero ser una hija ejemplar, no quiero mejorar y tampoco quiero empeorar.
Es cierto que todo el mundo quiere lo mejor para uno mismo, y yo también por supuesto. No quiero acabar mal ni llevar una mala vida. Pero tampoco necesito que sea año nuevo para desearlo. Me basta con serlo cada uno de los días de mi vida, sea cual sea.
Otro de los motivos por los que no quiero cambiar de una forma abismal como otras personas tanto desean, es porque dejaría de ser quien soy. Sería otra persona irreconocible, y la verdad eso no lo quiero. Prefiero ser quien soy. Con mis virtudes y con mis defectos. Intentando corregir mis errores poco a poco siempre y cuando yo quiera. Ningún día del año puede marcar ese momento.
Visto así, parece que no me gusta este día. Pero no es así. Me gusta por muchas cosas.
Es un momento para recordar todos los momentos vividos en el 2010, todos los viajes, los nuevos amigos, las alegrías, y muy a mi pesar, las penas que no pasaron desapercibidas.
Todo se recuerda, tanto lo bueno como lo malo. Pero lo más importante es lo que está por llegar.
Que por muchos chascos que nos llevemos, lo que nunca se va a olvidar son las miles y miles de sonrisas que ofrecemos y nos ofrecen las personas más importantes, las que te quieren.
Feliz año.
cuánta razoón (^_^)
ResponderEliminarme ha gustado el post y tu blog!