Lo cierto, es que no somos piedras. No somos seres inertes que ni sienten ni padecen. No vagamos por el mundo sin rumbo fijo y sin prestar atención a dónde pisamos. Tenemos la suerte de sentir, de poder ser libres a nuestra manera sin casi ningún impedimento, ni ninguna barrera que nos obligue a ocultar con timidez esas cosas que nos avergüenzan de nosotros mismos. Pero a pesar de todo nosotros como cabezotas que somos en muchos de los casos, nos resguardamos bajo ese escudo que creemos que nos protege. Creemos que poniéndose una bonita careta que representa nuestra felicidad más pura y absoluta, hará que este hecho aparentemente visible para los demás, se cumpla de verdad y podamos al fin lograr lo que tanto tiempo llevábamos esperando.
Podría decir que soy, y somos un poco inocentes al creer eso. Estamos totalmente equivocados si pensamos que fingir ser lo que no eres es la mejor opción para superar y resolver cualquier problema que nos inquiete.
A todo esto, se le suma esa soledad que llegamos a sentir en muchos momentos de nuestra vida. Porque al fin y al cabo todo el mundo lo vive. No es cuestión de querer o no querer, de elegir o no elegir. Simplemente es ley de vida, como una parte más del ciclo al que te toca seguir y obedecer sin ningún tipo de rechiste.
Esas situaciones en las que te alejarías poco a poco y sigilosamente, y te darías cuenta después de que nadie ha notado ni tu presencia anterior, ni tu ausencia. Tu existencia no produce nada más que indiferencia sobre las personas que te rodean. Tu opinión no tiene la mas mínima importancia. No produces absolutamente ningún sentimiento hacia los demás, ni odio, ni amor, ni cariño, ni repugnancia. Simplemente es como si no existieras. Sientes que todas las personas por las que a veces te sientes completamente rodeado y agobiado, no son más que una capa de aire inexistente para ti, que vagas por cualquier rincón sin sentir ni una gota de curiosidad acerca del porqué de toda esta situación.
No te interesan los motivos. No quieres explicaciones después. Tampoco quieres arrepentimientos, ni cualquier palabra falsa de ánimo para complacerte.
Simplemente ha pasado. Has llegado a esa ficha del tablero en la que te toca un gran reto : aguantar con la situación, y superarla.
Entonces, llega el momento de poner esa careta, y salir a demostrarle al mundo lo feliz que eres. Intentas arreglar tú un problema por el que no tienes la culpa. Pero lo cierto es que es muy difícil no pensar en el tema, y también lo es distinguir los límites que existen entre las personas. Básicamente porque todos estamos colgados del mismo cable, y porque todas nuestras acciones son comunes al resto.
Cada paso que das, o cada acción que llevas a cabo afecta de una manera u otra a las personas de tu alrededor, porque compartes el mismo espacio y el mismo aire con esas personas.
Por eso, intentas integrarte. Intentas ser alguien. Intentas importar aunque sea a una sola persona. Y poco a poco ves resultados.
Pero después de todos estos altibajos, te percatas de que quizás tú eras el único culpable de la situación. A lo mejor la soledad no es más que un sentimiento de autodefensa para evitar lo que no te gusta, para evadirse de la realidad y desconectar de todo lo que te parece incomprensible.
Puede que la soledad sea en ciertos casos tu fiel amiga que te acompaña y te entiende, la que no cuestiona todo lo que hacemos como los que no te valoraron sí hicieron. Aunque parezca una contradicción en si misma, creo que la soledad te busca a ti en esos momentos que por culpa de todos los problemas que te provocan los demás, siente la necesidad de acudir. Y a la vez la buscas tú para poder evadirte de esos problemas.
Pero y la pregunta es ¿Por qué evadirse? ¿Por qué ocultar todo lo que te preocupa? La mejor opción sin duda sería ser lo más abierto posible para compartir con todos estas cuestiones, no ser hipócrita ni inocente y mostrar todo lo que no nos gusta, ser sinceros, conocernos un poco más, y ser realmente felices. Porque si de verdad queremos conseguirlo, sufrir en soledad no es ni siquiera una opción. Todo es mucho más fácil cuando se comparte, cuando te desahogas, cuando ya has dicho todo lo que tenías que decir, y cuando no te arrepientes de haberlo hecho. Las cosas no funcionan como nosotros de verdad pensamos. No podemos esperar estar siempre en compañía cuando somos nosotros los primeros que ponemos por delante una sonrisa falsa, a una que de verdad la sientas. Hay que tener la valentía de la que muchos carecen.
Pero esto no funcionaría si no todo en mundo pone de su parte. Cada uno debería aportar su gota de agua para crear ese río, porque la verdad es que no tengo por qué ir detrás de nadie. No tengo por qué arrastrarme ni a pedir perdón cuando no tengo por qué, ni a decir un simple hola.
En ese caso preferiría la soledad que me acompaña a la multitud que me esquiva.
A veces tenemos una percepción de la vida totalmente equivocada, al creernos que estamos solos, que no le importamos a nadie, que somos invisibles, pero eso se puede dar en un tanto por ciento de la población escasísimo. Por supuesto que siempre hay gente a la que le importas y mucho, pero a veces es más fácil regodearse en tu soledad, en creerte pequeño, invisible y no importarle a nadie. El victimismo es un rasgo que muchos tendemos a usar en ocasiones, pero que es totalmente erróneo.
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo, es algo que nosotros creemos ver en ciertos momentos pero que no es cierto, por eso digo que la soledad es algo que a veces nosotros buscamos por lo tanto somos los que no vemos la realidad tal y como es.
ResponderEliminar