lunes, 13 de diciembre de 2010

Money.

Esa maldita obsesión que todos, en cierto modo, tenemos.
El dinero.
Tener dinero, hoy en día es esencial para vivir, alimentarnos, y obtener las mínimas comodidades necesarias para que la vida cotidiana sea más llevadera.
Por este motivo, es obvia esta ligera obsesión por el dinero¿no?
Pensemos en todas las personas del mundo que viven el la más absoluta pobreza, sin agua potable y sin comida suficiente.
Pensemos en esos niños que trabajan más que muchos de nosotros juntos, que tienen que recorrer muchísimos kilómetros para conseguir un poco de agua, que no pueden ir a la escuela el tiempo que desearían.
Por desgracia, esta situación se da en más de la mitad de la población mundial.
Es lógico que en algún momento podríamos pensar que no es así. Que la normalidad es en la que nosotros vivimos. Que la mayor parte del mundo viven en unas condiciones medianamente normales para sobrevivir sin ningún tipo de problema.
Pero no es así. Tenemos una serie de privilegios que la mayoría de niños, jóvenes o adultos en muchísimos países no tienen.
A pesar de ello, esos niños son felices. O por lo menos la mayor parte de ellos. Porque tienen familias que les quieren, y se apoyan mutuamente, que por mi parte es algo esencial en la convivencia, y en la felicidad interior de cada persona.
¿Y nosotros? Nosotros tenemos una educación estupenda, una sanidad para cualquier tipo de percance, tenemos una casa, tenemos agua, y tenemos dinero suficiente para los gastos cotidianos. Aunque por supuesto, también España sufre pobreza, en un caso mínimo, pero la sufre.
A pesar de todos estos privilegios, estudios realizados por expertos afirman que personas con mayor cantidad de dinero son menos felices.
Resulta increíble¿no? ¿Quién no sería feliz con todas las consolas del mundo, una mansión gigante y todo el dinero del mundo? Parece extraño, pero los estudios son los estudios, y yo estoy completamente de acuerdo.

Mientras que en esos países del tercer mundo, sólo se preocupan por conseguir agua y comida(que es lo mínimo), en los países desarrollados como es España, nos preocupan más otro tipo de cosas como el dinero, dinero, y más dinero. Y no precisamente para comer y beber, sino para malgastar.
Está bien gastar dinero en algún capricho, de eso no me quejo. Pero tanto como para malcriar a los hijos comprando todo tipo de aparatitos electrónicos a cual más caro, regalar a tu hijita/o toda la tienda del Bershka porque tiene que ir a la moda, o chorradas varias, me parece malgaste puro y duro.

Y antes dije que estaba de acuerdo, porque hay mucha gente en nuestro querido país que malgasta cualquier céntimo que toca, en vez de disfrutar de la felicidad que conlleva la vida, la gente que te rodea y lo que te aportan. Prefieren disfrutar de sus caprichos y que ellos les aporte algo que en unos pocos meses se difuminará.
Por esto pienso, que sí puede ser cierto. No somos lo suficientemente felices como deveríamos. No apreciamos todo lo que nos rodea, todo lo simple y sencillo que es lo que da en mayor parte la felicidad.
Nosotros vemos tan cerca todos los bienes básicos, que ni siquiera nos damos cuenta de que están ahí. De que a lo mejor podríamos haber nacido en esos países en los que no es fácil sobrevivir. Pero mientras ahí estamos preocupandonos por lo que no debemos.

Este es un tema que me hizo reflexionar el otro día, y me pareció interesante hablar de ello, para que todos también reflexionéis y penséis con la cabeza, y no con esa avarícia que todos llevamos dentro. Es bueno darse cuenta y apreciar cada momento por muy sencillo e insignificante que sea.

1 comentario: