¿Qué pasa, cuando haces algo que no querías hacer? ¿Tenemos esa fuerza de voluntad que creemos tener?
Lo cierto, es que no todos.
Somos impredecibles por naturaleza, somos impulsivos, nerviosos, bipolares, imposibles de controlar.
Nunca sabemos a ciencia cierta lo que queremos, cambiamos de opinión cuando menos lo esperamos. Cuando por fin creemos que la decisión elegida es completamente adecuada, siempre nos interrumpe esa malvada preguntita :''¿Y si...?''
Podemos resultar muy desesperantes en ciertos casos, y sí me incluyo.
El cerebro es un órgano del cuerpo que no sólo sirve para pensar, estudiar y guardar todo el temario que soltamos como un papagayo en un examen. No, el cerebro también se encarga de almacenar todos nuestros pensamientos y sentimientos.
Se encarga de relaccionarlo todo, intenta ordenarlo de una manera lógica. Pero no nos engañemos, no somos lógicos, no tenemos todo perfectamente ordenado en la cabeza, no tenemos todo claro, ni mucho menos.
Piensa sobre ello, y te darás cuenta de que hacerlo provoca otro descoloque mental, provoca más confusión aún de la que ya tenemos.
Suena estúpido, pero es cierto. Debido a esto no tenemos las cosas claras.
Pensamientos contradictorios rondan nuestra cabeza todo el día, en cualquier situación y momento.
Lo real, y lo peor, es que no podemos remediarlo. Hemos sido, somos, y seremos así siempre. Locos de alguna manera, si se nos puede llamar así.
Lo cierto, es que todo desde fuera pinta muy bonito, muy fácil. Parece que si fueras tú, todo lo tendrías controlado, sería pan comido ¿verdad?
Pero ponte en la situación de esa persona. Piensa que hasta que no lo vivas, no puedes afirmar. Podrás aconsejar, y opinar, pero nunca afirmar lo que harás o dejarás de hacer.
Y luego llegará ese momento en el que lo vivirás en tus propias carnes, y verás la complejidad que conlleva el asunto. De tu propia locura, tus cambios de humor y de pensamientos.
Hablamos de un caso hipotético, pero no olvidemos nunca, que no hace falta siquiera vivirlo. Sin que nos demos cuenta, estamos siendo testigos de cómo nos comemos la cabeza continuamente.
A mi alrededor todo el mundo lo ve sencillo. Y por última vez en tanto tiempo, vuelvo a decir que nadie lo entiende, es una locura.
Una locura de la que nunca estuve, y nunca estaré segura.
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