sábado, 20 de noviembre de 2010

Echo de menos ...

Pues sí, parecerá raro, o a lo mejor no. Pero hay veces que no puedo evitarlo. No puedo evitar pensar en todos los días y las noches mejor empleados. En todos los minutos no desperdiciados.
Porque lo pienso, y lo echo de menos. Para ser sincera, mucho.
Echo de menos las caras de sueño. Echo de menos las tardes en el bar, en nuestro maravilloso GAA club.
Echo de menos los bocadillos de salchichón del spar, todo el dinero malgastado en comida, en no morirnos de hambre debido al escaso picnic.
Echo de menos la final del mundial, pasada en la calle, gritando y chillando como locos.
Echo de menos la excursión a Glendalough, al zoo, y a Kilkenny.
Aunque no lo parezca, echo de menos el desastre de autobús en el que fuimos.
Echo de menos reírme tanto, llorar de la risa y no de tristeza.
También echo de menos la música pokera de ciertos personajes, con la que nos deleitaban. Echo de menos pisar medusas, tragarnos chicles, y conseguir un record.
Calle walabee, 42, Sidney, era nuestro destino preferido, y por supuesto lo echo de menos.
Las fiestas los jueves, esas sí que las echo de menos. Los japoneses bailando, los mejores.
Echo de menos ir en el tren con los altavoces, y escuchar lo de siempre, las mismas canciones de siempre, como siempre.
Cómo echo de menos hacer zancadillas, sobre todo en la playa, esas sí que las disfrutaba.
Todas las conversaciones de besugos:
''¿Pero quieres unas galleticas?''
''¡Que no co, vete a echar la red!''
Sí, se echan de menos.
Echo de menos que nos mojáramos entre todos, con ese agua helada, y las algas asquerosas.
Echo de menos la Fábrica Guiness, la cárcel en la que nadie prestó atención, y el museo en el que era imposible no aburrirse.
Echo de menos las niñas pequeñitas de mi familia, que se metían en mi cuarto, me revolvían mis cosas, y me dejaban regalos, como peluches, galletas esparcidas, zapatillas, o que de vez en cuando, venían con una sonrisa de oreja a oreja y me regalaban unos de sus mejores besos o abrazos.
Echo de menos los gorros de leprechaun que nos regalaban, simplemente por ganar un juego.
Echo de menos nuestros ejkes, taaaan odiados. Pero también los tajadores, que supongo que no tendréis ni idea de que es. Pues en idioma aragonés, sacapuntas.
Echo de menos los piques, de qué equipo es el mejor, o qué ciudad es la mejor.
Echo de menos todos y cada uno de los momentos en aquellas tierras verdes y lejanas.
Echo de menos nuestro autobús 102, o el 42 vía Seabury.
Aquella vez que nos perdimos, lloviendo a mares, dando vueltas a todo el parque de Malahide, se echa de menos.
También echo de menos esa maravillosa playa, las puestas de sol, todas las fotos y sonrisas compartidas entre todos.
Nuestra bandera de España, que la ondeábamos cada vez que era posible ...
Echo de menos la famosa canción de Molly Malone, o aquel señor cantándola en el autobús, que provocaba una cara de asombro en todos nosotros.
Echo de menos las patatas sabor pollo, spaguettis, o cualquier sabor que os podáis imaginar.
Echo de menos a mis aragoneses, a mi extremeña ... a todas las personas de todas partes del país.
A las 29 personas que jamás olvidaré.

Sí, ya podéis adivinar.
Dublin'10 <3
M a l a h i d e,   D u b l i n.

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