miércoles, 24 de noviembre de 2010

Setenta y tres.

Setenta y tres mujeres. Mujeres que por si alguien de este mundo machista no lo sabe, tienen tantos derechos y oportunidades como cualquier otra persona. Mujeres que luchan, y han luchado toda su vida. Que nunca se han dado por vencidas y tienen la valentía que a lo mejor ciertos personajes no tienen. Setenta y tres mujeres que eran felices, que vivían una vida como otra cualquiera, normal, sin alteraciones.
Setenta y tres mujeres que se enamoraron. Que comenzaron una historia de amor, eso en lo que a veces tanto nos implicamos. Mujeres que se ilusionaron, hicieron planes de futuro con la persona que, sin duda para ellas, era la mejor persona del mundo, y la única que le podía aportar felicidad.
Setenta y tres mujeres, que puede que se casaran, o tuvieran hijos. Que los tuvieran porque de verdad querían. Porque querían hacerse cargo de ellos y disfrutar de ese regalo. Por el simple hecho de ser felices.

Setenta y tres mujeres que recibieron el primer insulto. Sí, ese que tanto duele. El que te marca por dentro y te deja una señal, por muy leve que fuera tal insulto.
Setenta y tres mujeres que, sin motivo, reciben el primer golpe. El primer tirón de pelos, o el primer grito escalofriante.
¿Y después? Un perdón lo arreglaba todo. Un simple y escueto perdón. Esa palabra conseguía calmar a estas setenta y tres mujeres, que caían rendidas, y puede que completamente enamoradas a sus pies de nuevo.
Setenta y tres mujeres que, vivieron la misma situación repetidas veces. Que sin una razón concreta y decente que lo justificara, eran golpeadas. Cosa que por cierto, ni con justificación, ni sin ella. No debían ser golpeadas. No debían ser tratadas de ese modo.
Setenta y tres mujeres que comenzaron a vivir una tremenda y cruda pesadilla. Mujeres que estaban totalmente aterrorizadas. Eran verdaderamente incapaces de decir nada, por el miedo. Por ese miedo de que fuera a más.
Setenta y tres mujeres con una fortaleza increíble. Que soportaban día a día, la tortura a la que estaban sometidas.
Setenta y tres mujeres, que tenían que aguantar, los insultos, golpes y gritos, de setenta y tres sinvergüenzas, machistas e inmorales.
De setenta y tres hombres, que se dejaban llevar por la locura, la tensión y probablemente la obsesión.
Setenta y tres hombres que, para mi, no se merecen nada. No tienen sitio en nuestra sociedad.
Setenta y tres hombres que acabaron con la vida de estas setenta y tres mujeres, en el año 2010.


Me parece totalmente vergonzoso, el que hoy en día en pleno siglo XXI, todavía perviva esa sociedad tan sumamente machista. En la que la mujer, es completamente inferior a nuestro supuesto dueño. El dominante hombre que maneja a la mujer, como le da la real gana. En la que por un mismo trabajo, la mujer tiene un sueldo inferior, porque las ven incapaces y con un nivel no lo suficientemente adecuado, como para ellos es el de los hombres.
Este país, en el que todavía se permiten todos estos tratos. En el que poco hacen para remediar dicho problema con los sueldos. Y para colmo, en el que las mujeres son maltratadas de una manera brutal.
Mujeres, como digo adolescentes, que han sido asesinadas de formas absolutamente indescriptibles, que han sido abusadas sexualmente, presionadas.
Por favor, es hora de abrir los ojos, y de ver de que muchas cosas que nos rodean tienen finalidad machista.
Niños, niñas, adultos, ancianos, adolescentes. No importa. No importa el siglo si todavía se siguen enseñando ciertos aspectos a los hijos. Si todavía se siguen riendo de una mujer por el hecho de jugar al fútbol. Si se insulta a una manera despreciable. Si se maltrata física o verbalmente a una mujer.

Setenta y tres mujeres que han fallecido en este año, a manos de sus parejas.
Sólo espero, y supongo que esperamos todos o casi todos, que esta situación mejore, y que, por lo menos con el tiempo, la mujer y el hombre sean tratados como de verdad se merecen. Con igualdad de derechos y condiciones.

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